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La visita del Papa Francisco

Foto de Iglesiadesantiago.cl Foto de Iglesiadesantiago.cl

Señor director:

La discusión pública acerca de la próxima visita del Papa Francisco a Chile en el mes de enero del 2018 y el costo de la misma se ha transformado en una suerte de “caballo de guerra” para aquellos que la rechazan, pues se buscan diferentes argumentos para desacreditarla. El más recurrente es el costo que va de 4 mil a 11 mil millones de pesos, sumando los aportes del Estado en materia de seguridad a la logística de los encuentros masivos.

Al respecto, nadie niega que se trate de un costo alto. Incluso muy alto. Sin embargo, nadie aclara tampoco que el Papa Francisco no recibe un solo peso del costo de la visita ya que todo está destinado a la organización y seguridad de los eventos para que los cientos de miles de personas que participen lo hagan en paz. Incluso, todo excedente de lo recaudado será entregado a organismos de beneficencia en favor de los más pobres.

Asimismo, cabe señalar, que una inversión de recursos tan alta tiene retornos también muy altos, ya que si solo ingresaran 200 mil personas desde el extranjero a los eventos masivos y cada uno llegue a gastar mil dólares en alojamiento, comida y transporte, al final la suma será de 200 millones de dólares en ingresos para el país y el iva que se pague por las prestaciones y servicios que se den. Es decir, absolutamente superior a lo invertido (6 millones de dólares). Y un ejemplo de lo mismo ha sido la reciente visita del Papa Francisco a Colombia donde se generaron 280 mil millones de pesos colombianos en ganancias y se crearon 10.000 puestos de trabajo. Entonces, la transparencia tan exigida y reclamada, ahora “escandaliza”. Pero no se toma en cuenta que se pagarán 3 millones de litros de agua, 80 km de vallas papales, cientos de baños químicos y un largo etcétera de gastos que miran a la realización de eventos masivos de cientos de miles de personas con la generación de miles de puestos de trabajo antes, durante y después de la visita papal.

En fin, creo sinceramente, que deberíamos ser más honestos y no enmascarar el rechazo de algunos a la visita del Papa con el tema de los costos. La verdad parece ser más profunda. Es decir, una actitud beligerante y odiosa de un laicismo relativista que no acepta las expresiones y manifestaciones de la fe, haciendo lo posible por afectar la visita y la celebración de un pueblo mayoritariamente cristiano y católico en nuestra patria. También están aquellos que rechazan la visita porque la palabra del Papa los interpela y debieran ser más honestos y decirlo si adornos.

Y somos los católicos, como el mismo Estado, los que hemos invitado al Papa. Por lo tanto, a todos los católicos nos corresponde asumir su costo como lo estamos haciendo con el aporte libre de cada uno desde sus comunidades y parroquias, y las donaciones voluntarias de terceros de buena voluntad, ya sean empresas o personas naturales. Y el Estado hará lo propio al recibir a un jefe de estado. Estas son obligaciones que no se pueden eludir.

Me gustaría escuchar los mismos reclamos cuando se realizó la visita de Fidel Castro a Chile en la década del 70 y que durante un mes recorrió el país promoviendo la ideología comunista que tanto daño causó, llevándonos a un quiebre institucional. O bien, me gustaría escuchar los reclamos a la visita de Juan Pablo II del año 1987 que costó 4 mil millones de pesos, y donde se le exigió la condena de la violación de los derechos humanos en el país.

En conclusión, aquellos que recurrieron a la Iglesia y que ésta apoyó en defensa de la dignidad de la persona humana, hoy la crucifican en la plaza pública cuando un nuevo Papa viene como testigo de la paz. Y también están aquellos a quienes les molesta la defensa de la vida por nacer, del matrimonio entre un hombre y una mujer como fundamento de la familia, la preocupación por el pobre y de los que más sufren, del desafío de una sociedad más justa y de una economía de solidaridad. Todo esto y mucho más es lo que anuncia el Papa en nombre de Cristo, pero molesta y escandaliza. Jesucristo también fue molesto para su tiempo y causa de escándalo para los fariseos.

P. Fco. Javier Astaburuaga Ossa

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