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¿Cómo transformar la Salud Mental en una demanda social?

  • Escrito por Milton Galdames
Imagen de Psicologia.uahurtado.cl/

Existe una relación entre la delincuencia, el maltrato escolar, el bajo rendimiento académico, las adicciones, la obesidad, la accidentabilidad laboral y de tránsito, la pobreza y gran parte de los problemas que afectan a la sociedad, con la Salud Mental. Pero la comprensión y por tanto la discusión de las medidas necesarias para abordar estos problemas desde esta perspectiva de la salud pública presenta un amplio espectro por recorrer aún.

Los estados de desánimo, los trastornos obsesivos, los cuadros de ansiedad o estrés son solo algunas de las problemáticas que afectan a una proporción importante de la población. Sin mencionar que los problemas de salud mental avanzan más rápido que el desarrollo de nuevos tratamientos en la psicología, las políticas y los recursos destinados a este ítem de la salud están al debe.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que en el mundo existen unos 350 millones de personas padeciendo alguna enfermedad mental.

Por si fuera poco, la retórica charlatanería de los medios masivos de comunicación junto con las autoridades encargadas de tomar cartas en el asunto, se niegan a reconocer la existencia de estos padecimientos o, peor aún, como es en el caso de los hechos de violencia en los que se ve involucrada una mujer como víctima, las explicaciones se reducen a la llamada “violencia de género”, reduciendo toda la complejidad, y la fenomenología que constituye cada hecho particular a tan solo un rotulo acuñado por la ideología de moda.

Los padecimientos van en aumento y dada su naturaleza psicológica estos afectan a la persona, a su familia, a su entorno, el trabajo y la economía. La OMS estima que en el mundo unos 350 millones de seres humanos padecen algún problema mental, y en América del Sur y el Caribe bordarían el 5 por ciento de la población adulta. Sin embargo, entre 60 y 65 por ciento de los individuos que necesitan atención en salud mental, no la reciben.

El gobierno, junto con los legisladores, tienen una responsabilidad ineludible en estas materias. Al respecto el economista Peter Richard Greville Layard, ha demostrado que existe una significativa correlación entre la percepción de seguridad, respeto a la ley y los derechos humanos, la estabilidad política de un país, con los niveles de felicidad que alcanza una sociedad. Vale decir, la fractura de los valores colectivos y malas políticas públicas son también los precursores de la tensión social e individual.

Aún falta camino por recorrer para instalar a la salud mental en el mismo nivel de relevancia que otras demandas sociales, y tal vez estamos lejos de eso si consideramos que aún ni siquiera figuran en los discursos y promesas de campaña electoral. Este es un desafío que bien podrían recoger las asociaciones gremiales de las carreras ligadas al área. 

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