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Chile Vamos debe ir en una sola lista legislativa

Chile Vamos debe ir en una sola lista legislativa

La derecha tiene una oportunidad histórica para ganar la elección presidencial y legislativa de noviembre. A nivel presidencial las, al menos, cuatro candidaturas presidenciales de la centroizquierda (Enríquez-Ominami, Goic, Guillier, Sánchez) prometen facilitar la victoria de Piñera, y a nivel parlamentario sus correspondientes cuatro listas legislativas (Progresistas, Democracia Cristiana, ex Nueva Mayoría, Frente Amplio) prometen potenciar el número de escaños obtenidos por la derecha.

Las simulaciones electorales de Tresquintos muestran que incluso si todo sigue igual, la oportunidad sigue vigente. Es decir, en el escenario en que se repitieran las coaliciones de 2013, Chile Vamos aumentaría en cerca de 2% su presencia en la Cámara de Diputados. Pero de ahí en adelante toda división le es incrementalmente funcional. Si el PRO se asocia a los partidos remanentes de la Nueva Mayoría, Chile Vamos gana 2,4%; si el PRO se asocia al Frente Amplio, gana 5,7%; y si la Nueva Mayoría se divide en dos, gana 7%.

Al menos este era el auspicioso panorama para la coalición de derecha hasta hace un par de semanas, cuando comenzaron a trascender los rumores que podría haber una división en la coalición para la elección legislativa. Inmediatamente sonaron las alarmas, pues a simple vista suena como una estrategia contra-productiva, pues si Chile Vamos quiere ganar la elección ya se encuentra en el mejor escenario posible, y bajo cualquier lógica una división solo podría ser peor.

Las simulaciones de Tresquintos confirman esta idea. El hecho es que el peor de todos los escenarios posibles es precisamente el escenario en que Chile Vamos se divide. No solo es el único escenario en que pierden representación en el Congreso (disminuirían en 1,4%), pero además es el único escenario en que Chile Vamos cae bajo 40% del global, su piso histórico en el Congreso. Es decir, separarse no solo es una decisión mala, sino que es una decisión históricamente mala.

La pregunta es por qué Chile Vamos considera la posibilidad de separarse ante esta sombría prospectiva. La respuesta está en los incentivos que algunos parecen ver en el nuevo sistema electoral proporcional moderado. Dado que los votos se distribuyen por lista y después por partidos (que en la práctica actúan como sub-pactos), los partidos grandes (UDI y RN) temen que los partidos pequeños (Evópoli y el PRI) les roben de escaños que normalmente ganarían.

Un ejemplo sirve para clarificar esta situación. Las simulaciones electorales para el distrito 8 (compuesto por los antiguos distritos 16 y 20) muestran que Chile Vamos conseguiría 3 escaños. Los primeros electos probablemente serían los dos titulares de la UDI (Lavín y Melero). El problema ocurre cuando se pasa a considerar el tercer escaño. Si Chile Vamos va unida, el tercero iría para Evópoli (probablemente Cruz-Coke). Pero si va separada, la UDI podría arrastrar al candidato de RN.

Si este ejemplo lo extrapolamos a todo el país se ve nítidamente por qué Chile Vamos perdería tantos escaños. La paradoja es que por un conflicto interno, donde la UDI y RN se buscan rascar sus propias espaldas, pierde todo el sector. Tiene sentido político, pues es entendible que los dos partidos tradicionales se quieran potenciar, pero no tiene sentido electoral, dado que si se considera el contexto político del momento (y no solo los incentivos del sistema electoral) es una elección particularmente favorable a ir unidos.

Hay bastante evidencia de que este es un camino que se está explorando con seriedad. El explosivo aumento de candidatos UDI y RN en las últimas semanas sugiere que los dos partidos tradicionales se están preparando para levantar su propia lista. De hecho, la lista de candidatos recopilada por Tresquintos sugiere que el total de candidatos de la UDI y RN (alrededor de 250) supera con creces el máximo legal posible por una lista (183).

Aún queda tiempo. Si Chile Vamos toma una decisión consciente, privilegiarán los resultados colectivos antes que a los resultados individuales. Están en un cruce histórico en que pueden ganar la elección con un contingente legislativo cercano a la mayoría. Si permanecen juntos, ganarán la elección presidencial y legislativa caminando. Si se separan, la decisión pasará a los anales de historia como la estrategia electoral más pobre de los últimos tiempos.

Kenneth Bunker. Académico Universidad Central

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