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¿Aires de primavera?

¿Aires de primavera?

Lentamente, casi de una manera imperceptible, pero irreversible al mismo tiempo, la madre naturaleza nos pone de cara a su estación más bella, la primavera. En efecto, las jornadas comienzan a ser más tibias y en estos días se deja sentir ese equinoccio temprano, lo que nos hace despertar del oscuro y frío letargo invernal.

Ojalá que este milagro del creador obrara igual mutación en el alma de nuestra siempre díscola naturaleza humana y en particular, en quienes manejan los destinos de nuestro país.

Normalmente, vemos un espectáculo lamentable de nuestra clase política; en que las más nimias pequeñeces toman tintes apocalípticos y a contrario sensu, aquellos grandes temas se difuminan en una verborrea inocua, entrampándonos perennemente en aquel páramo espiritual.

En efecto, resulta abrumador ver la desfachatez de nuestra izquierda y su doble estándar, cuando silencia la conducta de Maduro en Venezuela, comportamiento que en nuestro país se encarga de mantener vivo mediante los más diversos artificios (museos, marchas, memoriales, charlas e interminables juicios políticos), únicos argumentos que le permiten vivir como partidos y parasitar del estado, como siempre.

Nuestra derecha no lo hace mejor, acomodando sus discursos para atraer a los indecisos, pero que en el fondo no existe la convicción de alma para sincerar sus verdaderas intenciones, que no son otras, que permitir que los innumerables caciques que la conforman, puedan aprovechar sus opíparas mesas burguesas.

El espectáculo que da nuestra juventud resulta ser patético, criada bajo el lema de “solo tienes derechos y no te preocupes de las obligaciones”, permanece hipnotizada con frases hechas, con programas degradantes que atraen sus limitadas mentes y con la imposibilidad de desprenderse de sus celulares que le consumen las pocas neuronas que les quedan.

Palabras aparte merecen las minorías, las cuales enarbolando las más diversas y variadas argumentaciones, luchan por una igualdad e integración que están lejos de sentir, toda vez que lo único a lo que aspiran es a tener un estatuto privilegiado que les permita alcanzar posiciones de preeminencia simplemente por el hecho de declararse especiales y no conformar parte de la sociedad que los acoge, pero de la cual se aprovechan para vivir y lucrar.

Este año tenemos elecciones presidenciales y los discursos de los candidatos prometen reverdecer, cual primavera, los cada vez más escépticos corazones de los electores. Esperemos que esta vez, se devele la verdad de esas promesas, la transparencia de los discursos, la sensatez de los proyectos y por fin todos salgamos de este invierno que hace tanto nos tiene atrapados y podamos finalmente disfrutar de la tibieza, color y frescura de la más bella estación del año.

Se vuelve a nublar, retorna el frio y ahora amenaza lluvia, parece que hemos decidido permanecer en el invierno eterno.

Francisco Talep. Académico Facultad de Derecho, Universidad Central.

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