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¿Vándalos, héroes, víctimas?

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Hemos sido testigos de cómo los diversos actores sociales ofrecen diversas explicaciones psicológicas para justificar – hacer “justa” – sus agendas. En los extremos, la violencia se entiende como irracionalidad (“lumpen”), o como virtud (“desobediencia civil”) individual. En el medio, un sinnúmero de otras explicaciones, como decir que la violencia es entendible pero no justificable; o que es una respuesta al uso abusivo de la fuerza policial.

A pesar de su noble aspiración a generar acuerdo y “soluciones”, las miradas chocan. Chocan, antes que nada porque cualquier clasificación sobre conducta disruptiva, incluida la violencia, no puede ser objetiva. Disrumpir es resistir un orden de cosas apreciado por algún grupo que valora algo (que, cuando se altera, se disrumpe o violenta).  La psicología se junta pues necesariamente aquí con la política.

Otra razón de choque frecuente es que la conducta disruptiva presenta orígenes diversos. Está la conducta dis-ruptiva que ayuda a denunciar y corregir el orden co-rrupto; está también aquella que responde en forma desproporcionada a un trato violento (o “estrés agudo”). Y están también aquellas que expresan daño crónico. Por brevedad, me detengo aquí sólo en este último grupo de explicaciones, en que la violencia no parece poder explicarse sólo como respuesta a un estrés agudo. Se trata de la violencia de quienes han experimentado adversidades de tal magnitud, que presentan secuelas duraderas. Este daño se expresa como discapacidad para participar de la vida social respetando los derechos de los demás. Pudiera querer clasificarse ya sea al 5% o al 95% dentro de esta categoría (dependiendo de la ideología); mi interés aquí es más bien señalar que el origen de esta discapacidad probablemente está en las barreras que encontraron quienes, teniendo la potencialidad humana para convivir pacíficamente, no pudieron desarrollarla. ¿Debe el Estado intervenir?.   

Por Joaquín Gaete. Psicólogo, Doctor en Psicología, Director Sociedad Chilena de Psicología Clínica.

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