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Reflexiones en torno al mal uso del pequeño poder

Reflexiones en torno al mal uso del pequeño poder

“Lo que más une a dos personas es la complicidad por el daño que han hecho juntas”  (la casa de los 7 Balcones, Jacinto Benavente)

“A la miseria le gusta estar acompañada” (Los 4 Acuerdos, Miguel Ruiz)

REFLEXIONES EN TORNO AL MAL USO DEL PEQUEÑO PODER

Muchas veces tenemos  que “empinarnos” para ver más allá y no quedar atrapados en la inmediatez de una situación.

La ventaja de enfrentarse a un tiburón es que se le puede ver con claridad a la distancia.  Con las pirañas,  pequeñas y de rapidísimos movimientos, el peligro sólo se advierte con el dolor.

Falsos Líderes

Es fácil  distinguir  personajes “poderosos” que abusando de su posición, sea de orden  político, económico u otros, mantiene en servidumbre, despóticamente,  a quienes debería servir. Por otro lado no es  tan fácil visualizar a aquellos que en la contingencia diaria y por diversas circunstancias obtienen un mediano o pequeño poder con el que manipulan y/o dañan a otros.

Que “el poder corrompe” no siempre es verdad. Los corruptibles son “falsos líderes” y esto podría deberse a estructuras psicológicas diferentes, como  se intentará explicar más adelante.

Los auténticos líderes, sin lugar a dudas,  cumplen  con el rol de servicio que les está destinado, proveyendo al grupo, comunidad o población, de las mejores condiciones posibles.

Estructura del Abuso

En la vida diaria y en organizaciones de cualquier índole, donde se genera  poder, es lamentable ver cómo, muchas veces, se hace mal uso del mismo y desenfadadamente se orienta a  beneficios personales

Existe una dinámica que se repite:

-Palabras, gestos, acciones que constituyen códigos de reconocimiento de posibles cómplices.

- Mutuos apoyos y beneficios

-utilización de un objetivo “altruista" como pantalla para legitimar sus fines.

-escudar el accionar en conceptos rígidos y con connotaciones éticas.

-recurrir  a agentes externos como leyes, preceptos u otros,  aplicándolos según conveniencia.  

-formar una  red de complicidad que consolide y mantenga la eficiencia de su accionar.

Rasgos

Podría decirse que no hay cinismo en ese actuar, sienten que hacen lo que deben hacer. Es su forma de entender el mundo y conseguir objetivos que les parecen legítimos y donde el bien común no es un problema. No hay intención de dañar, sencillamente el bien de otro no es su asunto ni   responsabilidad. 

La empatía y la compasión les son ajenas, las catalogan como sensiblería y debilidad y hasta les producen desconfianza.

Los hechos son vistos, exclusivamente desde aquello que favorece o perjudica sus intereses personales. 

Al encontrar resistencia, se activan sus estrategias de autodefensa y  “ataque”,  donde la descalificación, sarcasmos, enjuiciamientos,  etc,  son utilizados con astucia. Sus razonamientos son aparentemente coherentes e irrefutables, por tanto, premisas acomodaticias, serían aceptadas como ciertas y  verdaderas.

Esta manera de actuar y la naturalidad con que ellos distorsionan los hechos  puede producir asombro pero su percepción de los mismos es distinta. Su “realidad” es otra.

La Compasión

La  compasión es un sentimiento clave  que vincula, protege y  ayuda a la sobrevivencia. No sólo en los humanos, también podemos atribuirlo  a  otras especies, donde se ven actitudes de gran solidaridad y de verdaderos sacrificios para ayudar y salvar a alguno de sus miembros.

Es indudable que este sentimiento se encuentra en la raíz de la formación de  las sociedades humanas, dándole cohesión y sentido de pertenencia. Se orienta a acciones solidarias donde el bien del otro importa esencialmente, porque se entiende que está relacionado con el propio bien y con el bien común.

La falta de sensibilidad y empatía, el tomar ventajas sobre los pares, sin importar lo que a estos les pudiera ocurrir, podría significar que  estarían considerando a sus semejantes no como tales y que es aceptable e incluso legítimo utilizarlos, en el grado que sea. 

Si ciertos  individuos no tienen la capacidad de ponerse en el lugar de otros significa que este sentimiento les es ajeno. Podrían sentir algo parecido a la empatía con aquellos que forman su núcleo de referencia inmediato, pero  pareciera ser más un sentimiento  vinculador   referido a  lealtades y complicidades.

En la naturaleza, la  indiferencia hacia el bienestar del otro solamente se da  cuando ese otro pertenece a otra especie y se constituye en  una amenaza o podría estar en una escala  inferior. Por ejemplo,  a nosotros como humanos, nos podría ocurrir que si viéramos  que llevan al matadero a  vacunos, probablemente, no lo consideraríamos una crueldad,  pero si  fueran personas,  sentiríamos horror y compasión. Si no se tuviera  ese sentimiento algo raro estaría pasando. Querría  decir que se está generando algo nuevo y peligroso.

¿Justificaciones del Abuso?

El abuso, sometimiento y  utilización del hombre por el hombre, por desgracia,  viene desde muy antiguo. Se ha atribuido a territorialidad o dominio de cualquier tipo y a trastornos mentales o psicopatías.  

Pero parecieran que estas  explicaciones son poco satisfactorias cuando estos fenómenos van creciendo en frecuencia y cantidad hasta el punto que en nuestra sociedad el miedo ha llegado a ser una  característica común, desconfiando unos de otros y temiendo que llegue un “ataque”  en cualquier momento. Junto con esto han ido apareciendo tendencias, grupos o conglomerados con férreas pertenencias, en los cuales se configuran perspectivas y formas de mirar la vida y a los semejantes de una manera totalmente desaprensiva y utilitaria. Los determinantes son  “para que me sirve”, “que uso puedo darle”, sin tomar en cuenta las reales necesidades de las personas, considerándolas más bien como materia prima que se puede ajustar a “moldes” para ser utilizadas según  planes y proyectos .

Pareciera ser  insuficiente conformarnos en  catalogar de ambiciosos, abusadores,  psicópatas o delincuentes a tal cantidad de personas  sin ahondar en la búsqueda de nuevas razones para una  comprensión  más integral de estos fenómenos.  

Evolución

Una perspectiva evolucionista nos podría ayudar y hacernos pensar que en el transcurrir de los tiempos van generándose transformaciones en todas las especies y que la nuestra, por supuesto,  no puede ser ajena.

La materia gris, la delgadísima capa final de nuestro cerebro es la última adquisición neurológica que nos ha permitido crear esta macro  civilización,  que nos maravilla con sus logros y nos aterra con sus abusos. Pero esta delgada capa de nuestro cerebro,  también es más vulnerable a los cambios que cualquier otra parte de nuestro cuerpo. Las experiencias impactan las emociones y pensamientos produciendo reacciones, que al repetirse, tienden a formar un patrón que va dejando huellas en nuestros sistemas  neurológicos.

Podemos suponer, que es probable que en nuestra especie se hayan ido estableciendo cambios, leves en un comienzo, que  han ido acentuándose con el pasar de los tiempos hasta el punto que  en mucho de nuestro actuar no nos reconozcamos como iguales y donde la  solidaridad y la compasión no tengan sentido. Esta consideración nos podría dar motivo a pensar que podrían estar apareciendo ramas  que fuesen antagónicas y/o complementarias, no disimiles en la apariencia física sino estructuralmente distintos en la forma de percibir, sentir, pensar y actuar. Es decir especies psicológicamente distintas.

Esto que parece descabellado o de ciencia ficción, no es tal, cuando  consideramos que no hay nada estático en la naturaleza, existiendo  constantes cambios, algunos más rápidos que otros, como en las estructuras psicológicas que se han observado, especialmente dinámicas.

Escala Alimentaria

Podría ser, entonces, que el ser despiadado, utilizar al otro a su antojo porque  no se considera su igual,  se estaría acercando al comportamiento que tiene un depredador con su presa. Si nos ponemos en este predicado y se acepta la idea de que hay diferencias esenciales entre las personas y que podría ser que sus  estructuras psicológicas  los estuvieran determinando como depredadores, entonces los supuestos de maldad, crueldad para unos y de indefensión para otros dejarían de tener sentido y se partiría de una realidad donde se aceptaría que los “depredadores” y “presas” actuasen como tales.

Los abusados, los sometidos, los maltratados no deberían  esperar piedad, respeto y un mundo más “justo” (libertad, igualdad y fraternidad). La situación sería  más descarnada, una lucha vital entre seres que sólo tienen  aspecto físico semejante.

Depredadores encubiertos “Lobos en piel de corderos”

Lo aterrador de toda esta situación, es que los depredadores, excelentes cazadores, han creado sistemas altamente sofisticados y sus hábiles estrategias, han hecho que sus presas no los reconozcan como tales, sino más bien como benefactores  y de este modo se presten como  cómplices aún en contra de sus propios derechos y  bienestar como ser humano. Esto es extremadamente preocupante ya que esta dificultad en reconocer a un depredador, transforma en presa fácil a gran cantidad de individuos, lo que no ocurre con otras especies, quienes los identifican claramente y así pueden desarrollar formas de defensa, protegiendo a sus familias y grupos de pertenencia. Esta capacidad de reconocimiento del daño y quien lo hace, está muy disminuido en la nuestra e incluso atrofiado. Se ha producido una desorientación cuidadosamente diseñada por los “cazadores”, (como la que realizan los especialistas en plagas con las polillas de la fruta evitando su procreación y haciendo que el macho pierda la ruta hacia la hembra por la fumigación de su hábitat con feromonas)  así las personas han sido “fumigadas” con conceptos, imágenes, publicidad, exigencias, consumo, formas de vida y valorizaciones,  que han hecho que se confunda su identidad y apetencias naturales, creándose un ambiente psicológicamente espeso donde difícilmente se puede identificar al cazador, haciendo que se equivoquen y luchen  erróneamente  contra otras personas  o circunstancias, generalmente, inmediatas.

¿Que se podría proponer en esta situación tan límite?

Eliminar ingenuidades. Crear una conciencia clara donde una mirada lúcida sobre nuestro diario “adoctrinamiento” nos ayude a liberarnos  de la  servidumbre económica y mental en la cual estamos “atrapados” y que nos hace, lamentablemente,  cómplices en nuestro propio deterioro.

Tener presente las características de los  “cazadores” para poder reconocerlos. Estudiar sus sistemas de “caza” y desarrollar estrategias de defensa que sean capaces de dejar en evidencia el daño y quien o quienes lo producen realmente.

Ps. María Eugenia Astorga Lira

Ex Directora Nacional del Colegio de Psicólogos de Chile A. G.

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